O.L.M Expiar una culpa debe ser algo duro, más si lo que expías es haber cambiado el destino de aquellos a quienes más querías por un comportamiento fantasioso y de niña malcriada. Esto es lo que nos esperamos al ver la película, preciosista en sus imágenes, pero falta de todo diálogo que explique exactamente qué está pasando.
Porque, de miradas y silencios no siempre puede vivir el cine, y en este caso, salvo la joven Briony Tallis, interpretada por Saoirse Ronan durante su juventud y que para mi es la mejor de toda la película, falta mucho para entender el por qué de lo que ocurre.
No hay pasión entre Cecilia y Robbie, ni tampoco hay nada de pasión en nada de lo que ocurre alrededor de la gran mansión de los Tallis. Todo es perfecto, tranquilo y sereno. Ni siquiera las imágenes de guerra transmiten demasiado, todo adolece de cierta frivolidad, es como si la película dijera “soy perfecta, soy preciosa, pero estoy vacía”.
Y aunque la película no es mala, tampoco es excepcional, porque no transmite demasiado. Se habla de un sentimiento que apenas si se ve o se siente, no hay emociones ni sentimientos, tienes que imaginar que los hay.
Es probable que gane algún Oscar, la fotografía es fantástica a mi parecer, pero sin duda, como película e historia vale poco, sobre todo si la comparamos con su embrión, el libro de Ian McEwan, una novela que, en sus primeras páginas, ya transmite todo el sentimiento que le falta a la película.
Suele pasar, pero seguro que se podría haber hecho mejor. Lo mejor, la joven Saoirse Ronan, que da vida a una Briony ya madura, pero también es excepcional la Briony niña (que transmite mucho más que el resto de personajes de la cinta, con su cara de pequeño diablillo ). Los que completan el triángulo, Keira Knightley y James McAvoy, apenas aportan nada que no sean sus caras bonitas, sobre todo la primera.