O.L.M Esta vez me he quedado sin palabras. Incluso me emocioné cuando por fin terminé este libro. Es sin duda uno de los relatos más tiernos y a la vez crueles que he leído, donde ficción y realidad se entremezclan de una forma tan deliciosa que da miedo separarlo y analizarlo cada uno por su cuenta. Hablo de la guerra y de la novela en sí, de la guerra, la parte real (y tan real!) de esta historia, y de la novela dentro de la novela, la gran ficción, donde también se mezcla lo irreal (no se puede decir que es porque rompería el misterio del libro y de la película) y lo real (de la novela, que a su vez es ficción).
El concepto parece un poco lioso, la novela dentro de la novela, pero creo que es un recurso enriquecedor que permite al autor real del libro, Ian McEwan, que no Briony Tallis, la otra autora del “otro” libro, jugar con el lector, llevarle de un lado a otro de la historia sin saber muy bien donde terminará todo.
Leí el libro después de que la película me dejara demasiadas lagunas sobre la historia, por lo que conocía de antemano el desenlace de la novela, pero no por ello dejé de leer hasta la última hoja y el final, esta vez si. me dejó sin respiración, no como la cinta. La falta de muchos detalles, imposibles de transmitir en una pantalla, hacen que se pierda en el cine el verdadero sentimiento de expiación de la protagonista, que en el libro sigue siendo Briony, aunque a veces ni siquiera se la mencione, porque su acto siempre está ahí, es lo que mueve a los personajes, la historia avanza y retrocede gracias a lo que ella cierto día de verano hizo.
Y la guerra como telón de fondo, el lugar donde el hombre deja de ser hombre para convertirse en animal, en ese paisaje desolador que tuvo que ser la Europa de la Segunda Guerra Mundial, un hombre intenta ser hombre a pesar de todo.
Un libro especial sobre el sentimiento de la culpa y lo que cuesta asimilar las consecuencias de nuestros actos.