S.L.B. Cuando Jasón abandona a Medea para casarse con Glauce, ni se imagina que aquella mujer que dejó a su familia por estar a su lado, sacaría un duro y vengativo carácter. Por el jefe de los argonautas pasó a ser la extranjera y a sentirse sin voz ni voto en el reino de Creonte, que aceptando la boda con su hija envió a Medea desterrada un día para que se consumara el matrimonio.
Pero les salió mal la jugada pues Medea es mucha Medea. Segura de sí misma y de sus derechos mata a Glauce y reclama a Jason su papel como esposa y madre de sus hijas.
A partir de este momento Eurípides se marcha con los griegos y la historia, que como la mayoría de los clásicos mantiene una vigencia sorprendente en la actualidad, pasa a ser un culebrón de programa de corazón de sobremesa. Acusaciones sin pruebas, amenazas, papeles de víctimas bien aprendidos y mucho dinero de por medio; todo ello girando junto a las luces de un plató de televisión con muchos brillos.
Un espectáculo escalofriante donde Medea y Jasón se compinchan, previo cheque, para subir la audiencia creyendo tener el poder de la situación. Pero estas cosas no funcionan así, no se en Grecia, pero seguro que no en el siglo XXI, y la audiencia manipulada termina por ir contra ellos, pues la televisión gana a la voluntad humana. Y ni una mujer con derechos ni un Jasón acostumbrado a salirse con la suya podrán desactivar la maquinaria que desgraciadamente hace mucho que está en marcha. La desgracia venía avisada ya desde hace mucho y se cumplió.