
S.L.B. Seguramente estamos todos más que enterados de como funciona el mundo, y que el nacer en un país con el que se discrepa en la mayor parte de sus criterios, impuestos por supuesto, no debe ser nada fácil.
La familia protagonista de esta cinta está en esta tesitura en un Irán que se parece al que nos enseñan en los telediarios, pero que no es del todo cierto. Irán es uno de los países del medio oriente más avanzados en lo que a libertad de acción se refiere; el problema es quien lo gobierna. Un sistema radical islamista que coharta las libertades individuales de la persona centrando todos sus esfuerzos en mantener una globalidad que no tiene rasgos que la una, a pesar de que nos empeñemos en ello.
La revolución conduce a la niña, dentro de un entorno directo occidentalizado que la carga de clichés, al lado contrario de lo normal, hasta que entiende sus raíces y lucha por conciliarlas con su esencia personal. Al llegar a este punto, Persépolis retoma la profundidad con la que comenzó y abandona la narratio de la segunda parte de la película que más bien parece la telenovela de una adolescente.
Los padres y una abuela, demasiado liberal para elcontexto, intentan guiar a una niña (algo que ya resulta complicado de por sí en los tiempos que corren) a coexistir entre dos formas de ver el mundo. Dudas, incomprensión, rebeldía se mezclan con inocencia, envidias y el “No todo vale” y “lo diferente no siempre es mejor” también de nuestro mundo “ideal” occidental.
La versión cinematográfica del cómic de Marjane Satrapi cuesta introducirse en el espectador, pero cuando lo hace estamos dentro e identificados con la historia, seguramente porque a pesar de que no juzga a la sociedad iraní se inclina ligeramente a lo europeo. Por venir de Francia, por deseos de su autora, porque roza lo superficial, o porque simplemente, la vida tampoco hay que tomársela tan en serio.
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